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• Sobre las teorías de la conspiración de la gripe porcina

Octubre 26 - 2009




Los individuos que se apuntan o crean estas teorías y consideran que detrás de todo acto hay algo oculto, se convierten en "expertos" y sacan conclusiones fantasiosas a partir de especulaciones sin fundamento.


Oportunismo, confusión, 'falsa ciencia' y teorías conspiratorias: "La tierra es plana, y quienquiera que rechace esta afirmación es un ateo que merece ser castigado". Afirmación de Jeque Abdel Aziz ibn Baaz (1993).

Estas últimas semanas han circulado y están circulando por la red diferentes manifiestos, denuncias, advertencias, proclamas y vídeos relativos a las diversas "mentiras" referidas a la gripe pandémica A (H1N1).

Lo más habitual es que se alerte a la población, totalmente indefensa frente a los hostiles imperios alienígenas (parafraseando a Quim Monzó), frente a las multinacionales y frente a los gobiernos y agencias gubernamentales, sobre la inexistencia de la enfermedad (esta pandemia es un invento), la inseguridad e ineficacia de la vacuna (que además está deliberadamente contaminada), la ausencia de gravedad de la enfermedad (la gripe A no puede llevar a la muerte a nadie), y la inutilidad de los antivirales (que son ineficaces a la vez que tóxicos).

A estas afirmaciones se suman desde revistas pseudocientíficas de difusión general hasta monjas benedictinas, pasando por ex-ministras nórdicas o ciudadanos canadienses que, además, afirman que todo es un complot para diezmar a la humanidad, añadiendo el toque siniestro a la situación. También aparecen de vez en cuando profesionales que, en lugar de disentir siguiendo las normas habituales y reglas de la ciencia (lo cual es perfectamente lícito y beneficioso), se apuntan al carro conspiranoico y les falta tiempo para escandalizarse y "denunciar públicamente" abusos varios.

Con algunas variaciones, en esta gripe A se han empleado teorías repetidas hasta la saciedad, mayoritariamente por grupos activistas anti-vacunas, muy enraizados en los países anglosajones, notablemente en EEUU y Reino Unido. Las afirmaciones que una buena colección de investigadores, médicos, epidemiólogos, farmacólogos y otros especialistas realizan desde hace años, basándose en evidencias de peso suficiente, que se han publicado en forma de artículos científicos, recomendaciones de expertos y otros documentos de organismos internacionales sanitarios, son inmediatamente desestimadas o ignoradas por estos grupos.

Es más, la credibilidad de todo el sistema de ciencia mundial está bajo sospecha para ellos, dado que las multinacionales farmacéuticas (mejor si son norteamericanas y tienen a Donald Rumsfeld entre sus accionistas) son, por definición, perversas. Su único interés es económico, a la vez que tratan de perjudicarnos con ensañamiento a todos.

Los profesionales sanitarios que defendemos las ventajas y conocemos los inconvenientes de las vacunas (y en este caso, creemos también que la gripe A es real, que puede complicarse, que en algún caso es mejor tratarla con antivirales y que ojalá dispusiésemos ya de la vacuna) estamos, además de equivocados, vendidos a estas multinacionales (lamentablemente mi nómina no parece estar de acuerdo con esta afirmación: trabajar en el sistema sanitario público tiene muchas ventajas y algunos inconvenientes, ¡qué le vamos a hacer!).

Somos sospechosos de hacer el juego a las fuerzas ocultas que gobiernan el mundo. Sin saberlo (tontos útiles) o sabiéndolo (malvados conspiradores), actuamos como asesores científicos del Club Bildeberger, cuando no pertenecemos a los Francmasones o a los Templarios, que por lo menos llevaban una espada y un bonito uniforme blanco, como nuestras batas (eso sí, con una gran cruz roja no INSALUD).

En un excelente artículo publicado en el suplemento 'ES' de La Vanguardia (19 de septiembre de 2009), el psicólogo Luis Muiño describía las bases de la "conspiranoia" (neologismo fusionado de conspiración y paranoia). La clave, según el autor, es que estas teorías conspiranoicas son indemostrables: nunca se podrán refutar ni probar.

Los individuos que se apuntan o crean estas teorías consideran que detrás de todo acto hay algo oculto, se convierten en expertos y sacan conclusiones a partir de ellos. El lado oscuro de esta forma de pensamiento es peligroso: pueden caer en una interpretación paranoide de la realidad y acaban confundiendo casualidad con causalidad.

Los que defienden estas teorías son, además, muy pesados: una vez empiezan a hablar, les cuesta mucho callarse, y sus afirmaciones encuentran eco en los medios, especialmente en la red. Tratan de llamar a la desobediencia civil o a la formación de movimientos ciudadanos. Su vertiente mesiánica les lleva a intentar salvarnos a todos de las calamidades que ellos ven y nosotros no acertamos a distinguir. Como dice muy bien Muiño en su artículo, ver conspiraciones en todas partes puede resultar entretenido si nos lo tomamos con cierta distancia. Sin embargo, hay que tener cuidado: un proverbio chino afirma que lo malo de mirar siempre el fondo de las cosas es que uno acaba por quedarse allí.

Me voy a leer el último libro de Dan Brown, que salgo de guardia y he visto durante la misma (perdón, he creído ver) a enfermos con gripe A, incluso alguno que estaba ingresado en el hospital y hasta en la UCI, a los que además intoxicábamos con antivirales. Debe ser cosa del cansancio...


Autor: Antoni Trilla es jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, profesor agregado de Salud Pública en la Universidad de Barcelona e investigador asociado del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) y del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB).


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Octubre 22 - 09
Fuente: www.americaeconomia.com
http://blog.americaeconomia.com/lara/
Rodrigo Lara.



La realidad suele ser más aburrida que la fantasía.
Foto: blog.guiasenior.com

Siendo Londres la capital de un Imperio, en 1918 era mucho más conveniente estar en la también populosa, pero industrial y gris Manchester. ¿La razón? Allí se encontraba a cargo de la salud pública el Dr. James Niven. A diferencia de sus pares de la capital, Niven decidió actuar preventivamente contra la “gripe española”, la pandemia que se había originado en Kansas, EE.UU., unos meses antes: pegó por toda la ciudad carteles con medidas simples y claras: evitar las aglomeraciones, no reunirse en lugares mal aireados, aislar efectivamente a los enfermos, taparse la boca al estornudar, etc. Y las impusó. Cuando la segunda oleada de la pandemia (tuvo tres, aunque nadie, excepto gente como Niven lo sospechaba) arribó a la ciudad, murieron 1.700 personas contra 10.000 en Londres.


Son números terribles, adecuados a una época en que no había vacunas contra la gripe, ni antivirales, ni respiradores mecánicos, ni coordinación médica global (o Europea, al menos) y –por si fuera poco– se pensaba que esa gripe en particular la provocaba ¡una bacteria!

La historia anterior se relata en un artículo muy interesante de Mark Honigsbaum, investigador del Wellcome Trust Centre for the History of Medicine y autor de “Living With Enza: The Forgotten Story of Britain and The Great Flu Pandemic of 1918” (Viviendo con Enza: La Historia Olvidada de la Gran Epidemia de Gripe de 1918). En él se da cuenta de un dato que en la verdadera tormenta informativa actual sobre el tema casi nadie ha mencionado: Las pandemias de gripe ocurren habitualmente cada 10 a 40 años y muchos de quienes creen que es un hecho tan inusitado como maligno, sobrevivieron casi sin darse cuenta a las de 1957 y 1968 (las dos previas a la actual).
De hecho, no deja de ser notable que, pese al hecho de que en el último medio siglo la población humana casi se ha triplicado sobre el planeta y, por consiguiente, la cantidad de cerdos y pollos domésticos también, la emergencia de nuevos virus de la gripe ha sido de efectos prácticamente nulos en la salud pública.

Obstinados en ver sombras a pleno sol del mediodía como somos los seres humanos, el brote de la gripe porcina o gripe mexicana o gripe norteamericana (elijan la denominación que los ofenda menos), ha dado origen a todo tipo de fantasías paranoicas.


En The Lay Scientist Blog se recopilan algunas de las más delirantes. Una dice que el grupo de seguimiento de la acción del virus de la OMS es una creación de los Illuminati, un presunto grupo de plutócratas que dirige el mundo desde las sombras. No deja de ser cómico que alguien pueda creer que un grupo masón nacido en Bavaria en 1776 ha sobrevivido hasta el día de hoy y quiere ponerle obligatoriamente vacunas “Made in China” a todos los ciudadanos de EE.UU. contra su voluntad, pero los Illuminati son uno de los comodines más antiguos y preferidos de los grupos estadounidenses que hubieran preferido que los Confederados hubieran ganado la Guerra de Secesión (sus seguidores latinoamericanos han llegado a señalar que gobiernos como los de Salvador Allende eran resultado de la acción de la secta).

Afortunadamente, la evidencia surgida en las últimas horas muestra que el virus actual, se comporta como la mayoría de los virus: prefiere no matar a sus huéspedes: “Los virus de la gripe son conocidos por ser notoriamente impredeciblesescriben Karen Kaplan y Alan Zarembo en Los Angeles Times–, y esta cepa podría mutar en cualquier momento, convirtiéndose en más benigna o mas peligrosamente dañina. Sin embargo, evidencia preliminar de laboratorios de genética, modelos epidemiológicos y simple sugerencias matemáticas, indican que es probable que los peores escenarios sean evitados en la emergencia actual”.

Finalmente, existen algunos argumentos relativos a que la vacuna disponible en este momento podría ayudar en algunos casos. Si bien, numerosos científicos, correctamente, señalan que la nueva cepa por su novedad se aleja mucho de la capacidad de inmunizar contra la gripe porcina de la vacuna normal, en éste artículo de ScienceNOW, Julio Frenk, de la Harvard School of Public Health en Boston, ex secretario de Salud de México, dice que “la vacuna podría hacer algún bien”. Se basa en el hecho de que “México posee una cobertura de vacunación excelente para niños menores de cinco años y ancianos, dos de los grupos que han sido exceptuados (en general) en este brote”.


La realidad suele ser más aburrida que la fantasía. Y si bien la épica de los grandes desastres brilla en los grandes relatos de ficción, en la vida real, los “finales felices” suelen ocurrir bajo el auspicio de la modestia de la prevención y el esfuerzo masivo de todos los que no somos héroes. Como lo logró el casi olvidado James Niven.


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Cortesía: CityTV - Portafolio.


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